
Ayer, me llegó a mi email el mensaje siguiente:
Por favor, considere la posibilidad de proponer a alguien que conozcas que ha marcado una diferencia como una persona que vive con el dolor o como un cuidador de alguien que viven con el dolor.
Uno para alguien que vive con dolor, se le llama "Triunfo del espíritu". Su mérito no es vivir con dolor, sino que haya encontrado la manera de seguir a pesar del dolor y de las dificultades que este trae de la mano. El premio, dice la NPF, es para premiar a aquellos que logren ésto con una gracia y un coraje que inspire a los demás a seguir, a educar...
El otro premio es para algún cuidador, alguien de la familia, o un doctor, por su excelencia en los cuidados y dedicación a ayudar a personas que viven con dolor. "Premio al cuidador" es un reconocimiento, en todo lo alto, de que el dolor no agarra a una víctima sola, agarra parejo con ella y su familia.
Sinceramente, me causa extrañeza que éstos premios existan. Pero la extrañeza no es desprecio, es más, creo que es simpatía y gusto. No se trata de exponer a nadie, sino de darle mérito con todo respeto. De pronto me imaginé en esa cena, escuchando mi nombre y la reseña que dijera que éste blog a ayudado a muchos. Yo solo podría decir "thank you" ante un salón lleno de personas que no me habrían leído porque el blog es en español.
La fecha límite para nominar es el 15 de agosto del 2008. Las nominaciones se pueden hacer en línea en la página de la NPF.
Es más aquí les pongo los formatos, para el primer premio es la siguiente liga Triumph Award — Triumph of the Spirit y para el de cuidador es esta Celina Field Caregiver Award
Con cena o no, mi gran candidato al segundo premio es el ser que ha compartido la vida conmigo por decisión y por amor. Que va y viene conmigo a terapias y consultas. Que en madrugadas calienta mis compresas y masajea mi espalda o cara, para calmar un poco mi inquietud. A aquel, que me manda a acostar a medio día, sabiendo que con ello tendré una mejor tarde. En fin, ese que día a día aprende, junto a mí, a vivir con dolor. Ojalá un día, se anime a adquirir voz aquí, para que nos cuente que significa, para él, ser marido del dolor.