martes, 5 de mayo de 2009

Adiós a mi silencio de dos meses

Desde hace casi dos meses he venido posponiendo este post. Primero lo hice por dolor físico y luego por el dolor emocional que significaba reproducir lo que había vivido días atrás. Como siempre, me detenía también el querer huir del dolor que sé que significan mis palabras a mis cariños. Habiendo encontrado el equilibrio, me dispongo a contar aquí finalmente lo sucedido.

Tenía pocos días de haber escrito mi anterior post sobre la Jornada Mundial del Enfermo. Un viernes por la noche, me di cuenta que por un mal calculo, ya no tenía lyrica. Me faltaba la dosis de ese momento, la de la mañana y noche del sábado y lo mismo del domingo, hasta que el lunes pudiera ir al médico por la prescripción necesaria para ir a la farmacia.

Me dí de zapes ante mi descuido pero lo tomé con calma, dos días y medio sin ella no iba a ser el fin. El sábado a medio día empecé a sentir los estragos que fueron empeorando con las horas. La noche del sábado y el domingo los pasé en cama, no por no poder levantarme, sino por tener un intenso malestar. Dolor en mi brazo y pierna derecha, mucha angustia y algo parecido a la desesperación.

Con lo físico vino lo peor. Una respuesta a una pregunta que no me había planteado hacía más de un año: ¿podría vivir libre de medicinas?. En mi cama me respondí. Un no muy doloroso me llegó a lo más profundo de mi alma. No era alguien libre. No lo había sido desde hace años y ahora lo recordaba.

De mi estaban lejos decenas de cosas que no se pueden hacer bajo este tratamiento. La falta de medicinas me ponía mal, pero más que los efectos por su ausencia brusca, estaba la razón por la que los tomo. Mi dolor me hace depender de ellas. No hay vida fuera del dolor y por tanto no hay vida fuera de medicinas. Mi dolor se hizo integral. Simplemente me pareció insoportable vivir.

A primera hora el lunes fuimos al doctor y después a la farmacia. Creo que me tomó dos días volver a mi normalidad tan particular. En lo físico, la cicatriz del otro dolor tardó más días en empezar a curarse. Por Diocidencias (concidencias que son obra de Dios, osea todas) en un blog que leo y ahora me lee, Armida Leticia, escribió un post titulado "Un blog...con dolor...."

Pedía a sus lectores visitarme y darme palabras de aliento. Llegaron muchos y más que palabras me dieron palmadas que ayudaron a levantarme. Todo lo que me dijeron está en los comentarios del post de la Jornada del Enfermo, pero pongo aquí algunos para que vean que era totalmente irresponsable de mi parte seguir hundida en la tristeza:

Isabel Romana dijo...

Mucho ánimo pucca, para resistir y enfrentar el dolor. Se me antoja que ha de ser muy duro, pero también intuyo que tienes mucha fortaleza. Un abrazo.

Colo dijo...

Hola Pucca, vengo a estar contigo, a acompañarte...
Quiero que sientas mi apoyo y la energía que te envío...
Un abrazo inmenso!

Un cura dijo...

Ánimo. Quiero darte las gracias por tu blog y por tu valentía... si el apoyo de los demás puede aliviarte en algo, aquí tienes un nuevo puntal. Rezaré por ti.
Gracias de veras por la valentía de hablarnos tan claramente. Seguiré pasando por aquí.

Alicia María Abatilli dijo...

Pucca, sé que el dolor compartido es más soportable que el dolor solitario, lo sé por experiencia, venga éste del alma o del cuerpo.
Leí por ahí, que los seres humanos somos como ángeles con una sola ala, sólo podemos volar cuando nos abrazamos.
Te acerca mi ala para comenzar a volar.
Un abrazo.
Alicia

Este último me hizo llorar como niña y así saqué mucho el dolor y lo subjetivo de mi sentir en ese momento. Pero no quiero dejar a nadie fuera así que lean todos comentarios aquí. Cada visita, cada nuevo blogger que dejaba una palabra, cada caricia de mi esposo, cada letra de mis hermanas y mi madre me devolvió la Fe.
Vuelvo a no preguntarme y creo que no hay necesidad de hacerlo. Mejor veo y disfruto las tantas cosas que si puedo hacer. Teniendo ahora las alas necesarias vuelo y dejo atrás este asunto y mi silencio en este blog.

Gracias.

Tip para manejar el Estrés

Relájate un rato